Bienvenidos a

Un

Viaje

Personal

Acompáñenme...

Si al llegar a este lugar, ya tienes la idea de que estás viendo un plagio de la obra de Carl Sagan…

Quizá no te decepciones…

Cosmos es:

Todo lo que es, todo lo que fue...

Y todo lo que será

Con estas palabras daba inicio la obra cumbre del divulgador científico Carl Sagan. La frase de apertura de la serie “Cosmos”, resonó en mi cabeza desde mi temprana infancia. Dejó plantada la semilla de la ciencia, de la exploración y del autodescubrimiento.

Y también, por qué no decirlo, de la divulgación: de la compartición del conocimiento.

Durante mucho tiempo sentí la necesidad de tener un canal a través del cual pudiera hacer contacto con la gente, y transmitir un mensaje lleno del mismo espíritu transformador que me invadió en aquel momento viendo las imágenes llenas de significado en aquel programa de televisión; mismas que se amalgamaron con mi alma en el momento en que decidí leer el libro.

Carl Sagan sabía cómo llegar a las personas.

Y ahora lo intento yo, a través de este sitio.

Este es un viaje personal.

¡Bienvenidos! Me invade la dicha por recibirlos en este mi renovado sitio en la Internet. Fue muy larga la pausa que me mantuvo fuera de línea. Muy larga la espera y muy grande el problema técnico.

Todo se debió a una larga disputa por el nombre del dominio. Primero, porque el nombre original, OMARREYES.MX, se perdió. Mientras llevaba a cabo la disputa por ese nombre, se me ocurrió que podía utilizar un nombre nuevo. Quise algo distinto y muy original.

Después de mucho pensar, opté por un nombre que me permitiera impulsar mi marca personal. Poco sabía yo de lo que sucedería después.

Como parte de mi nueva estrategia de marca personal, ya que había perdido mi dominio original, incluía simplificar la imagen y el nombre. Esta vez me promovería ya no como OMAR REYES, sino solamente como REYES.

Para completar la simplicidad de la nueva marca, decidí que no quería registrar ninguna clase de dominio .COM o .MX, pues eso distorcionaría la marca. De forma ingeniosa (según yo) hice un juego con mi apellido, y la extensión de dominio para los sitios registrados en España. Así fue que decidí registrar el nombre REY.ES.

¡Y funcionó! Realmente así fue. Elegí al que según el Vox Populi era uno de los mejores registrantes españoles para nombres de dominio, realicé la búsqueda por el nuevo nombre, y voilá… ¡estaba libre! Hice el registro, el pago, y esperé. Y esperé… y las cosas no salieron como yo esperaba.

Me enfrenté un enemigo nuevo y poderoso.

La
Casa Real
Española

Esperen… ¿De verdad?

Pues sí. Transcurridas algunas semanas de registrado el dominio, y sin ninguna novedad sobre el mismo (normalmente cuando se hace un registro de este tipo, uno puede comenzar a utilizar el nuevo nombre minutos, horas o en el peor de los casos uno o dos días después, pero no semanas); recibí por correo una solicitud que prácticamente me pedía CESAR y DESISTIR.

Fui notificado que debido a las leyes vigentes en España, no me sería posible registrar el dominio REY.ES, por el simple motivo de que la Casa Real Española jamás me permitiría usar la palabra REY en el nombre.

¿Y ahora quién podría salvarme?

Por fortuna, tuve algo a mi favor: El comprobante de que había sido el órgano rector de dominio el mismo que (por error) había aceptado el registro y el pago de dominio.

¡El nombre ya era mío, tenían que dejarme usarlo! Pero las cosas no fueron tan simples, pues tenía las leyes españolas en contra, y la desventaja de que yo ni siquiera era de aquel país. ¿Cómo iban a pasar por alto todo eso?

Lo que vino después...

Una serie de intercambios por correspondencia de peticiones, documentos y solicitudes. Yo en mi afán de defender mi registro, exigí se respetara el mismo, por el cual ya había un pago realizado, y aceptado; comprobantes de aceptación y de registro exitoso del nombre del dominio.

Las autoridades correspondientes me pidieron comprobar mi identidad. Yo expuse que la necesidad de registrar el nombre REY.ES obedecía a una estrategia de posicionamiento de marca, que giraba en torno a mi apellido.

Para probarlo, tuve que mostrarles cada documento habido, y por haber, donde mi identidad quedara demostrada: actas de nacimiento, credencial de elector, pasaporte, fotografías familiares, acta circunstanciada con la huella de la pata del perro y del gato.

¿Y funcionó?

Dicen que no se puede tener todo en la vida, y es verdad. Tras acreditar debidamente mi identidad y convencer a las instancias debidas que no tenía ninguna intención de usurpar o utilizar con malas intenciones el nombre de la Corona Española, accedieron… ¡Bueno, más o menos!

No me permitieron utilizar REY.ES como pretendí originalmente, pero en vez de eso me dejaron usar OMARREY.ES

No fue la idea original, pero tuve el aval de la autoridad rectora (y no es que sea imposible registrar un nombre con la palabra REY, como yo lo demostré, pero sí pude ver que hay mucha reticencia a permitirlo), no perdí la inversión y finalmente ustedes están aquí y son cordialmente bienvenidos.

Este sitio lo estaremos construyendo todos juntos, mediante el diálogo y la divulgación de las ideas, estaremos comentando sobre los temas de actualidad, así como de muchas otras cosas que a todos nos interesan.

Y colorín colorado...

... este cuento ha terminado.

¡No es cierto!

La verdad es que la historia que les quiero contar, recién empieza. Los invito en este viaje personal.

¡Acompáñenme!

Omar Reyes
Enero de 2018.

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